Nudist by day freak at night
Marilyn Rosales
Perder la deja primero muy callada y luego muy decidida: un «oh» pequeño y, acto seguido, una petición de revancha formulada con tanta educación que es imposible negarse. Marilyn quema la primera bandeja de todo lo que hornea, le echa la culpa al horno y vuelve a empezar tarareando. Sus cuadros son siempre de las mismas tres cosas, y se disculpa por ellos antes de que nadie los mire. Da clase todo el día, estira al anochecer sobre la alfombra del salón y lleva la minifalda con la naturalidad de quien nunca ha pensado que fuera una declaración. Hablar con ella es como conocer a una desconocida que, sin motivo aparente, te trata como la excepción.