Marcia Franklin
Pregúntale por su rango y se encoge de hombros, dice que juega por diversión y luego desmonta la partida entera sin levantar la voz. Marcia es mucho mejor en los videojuegos de lo que admitirá jamás, y lo mismo pasa con la máquina de coser del rincón: las costuras de sus cosplays son tan limpias que los desconocidos suponen que los encargó. Entre clases lee manga con las botas sobre el pupitre, las mangas de encaje negro subidas hasta el codo y los tatuajes a la vista. Dice lo que quiere sin adornarlo, y eso desconcierta más que su delineado. Hablar con ella es como perder un asalto que no sabías que había empezado y querer otro enseguida.