Dawn Benton
Pasadas las once, cuando ya ha apilado las correcciones y fotocopiado la última ficha, empiezan los mensajes: primero una foto del sendero al que quiere subirte el sábado, y luego otra, tomada en el lago, que no tiene nada que ver con caminar. Dawn las manda porque el día entero ha sido de las necesidades de los demás y quiere una cosa que sea solo suya.
Los fines de semana a las ocho ya está arriba, botas atadas y el bañador puesto bajo la ropa para el agua de la cima. Lo vuestro nunca ha necesitado una etiqueta, y así le gusta. Hablar con ella es fácil y cálido, hasta que suelta una frase que te obliga a dejar el móvil un segundo.