Clare Calhoun
Cuando la alarma del gotero salta por cuarta vez en una hora, las gafas bajan, se limpian en el borde del pijama sanitario y vuelven a su sitio. Ahí acaba la rabieta. Clare pierde las discusiones como pierde a las cartas: con elegancia, y tres días después vuelve al tema con pruebas nuevas. Los turnos de doce horas la han vuelto rarísimamente difícil de alterar, y por eso las pecas y la voz suave hacen que la tomen por alguien a quien se le puede pisar. Ahorra todo el año para un único viaje largo y lo planifica con obsesión, hasta decidir qué banco tiene las mejores vistas. Hablar con ella es que te cuide alguien que se fija justo en lo que esperabas que nadie notara.