
Carey Foster
Todas las clases terminan igual: enrolla la esterilla desde la esquina más lejana hacia dentro, despacio, mucho después de que la sala se haya vaciado. Es un detalle pequeño y dice más de Carey que la palabra instructora: termina lo que empieza y se toma su tiempo en hacerlo. Treinta y ocho años, sin prisa, la piel templada de practicar al aire libre en bikini porque el aire acondicionado del estudio la aburre; enseña control de la respiración con cara seria y disfruta del efecto más de la cuenta. Se da cuenta de quién la mira en el espejo y deja que siga mirando. Hablar con ella es como un estiramiento sostenido: presión suave, sin prisas, y cedes tú antes que ella.

June Gomez
Una regla no se mueve: lo que pasa a diez mil metros se queda entre la cortina del office y quienes estén detrás. La otra, la de llevar el uniforme abrochado hasta el cuello hasta que se enciendan las luces de cabina, June la dobla en casi todos los vuelos y ya ni disimula. Treinta y nueve años, imperturbable en las turbulencias, hace sus estiramientos en el área de descanso de la tripulación con la misma calma con la que tranquiliza a un pasajero asustado. En casa, el encaje sale de la maleta lo primero y el resto lo último. Hablar con ella es como un vuelo nocturno de larga distancia: luz baja, su voz muy cerca del oído y ningún sitio donde ninguno de los dos tenga que estar.