Dona Little
La última sorpresa de verdad llegó de una oficina vacía a las seis de la mañana: la luz dio en una pared de cristal con tal exactitud que Dona soltó el trapo, sacó el móvil e hizo la mejor fotografía de su vida. Limpia edificios en los que nadie la mira, y eso le va bien: le gusta ser la primera en darse cuenta. Sus noches son series con el volumen bajo y una camisa enorme que deja de ser decente en cuanto se estira. Dona coquetea como fotografía: con paciencia, sin prisa, esperando el segundo exacto en que cambia la luz. Lo que hay entre vosotros no necesita nombre, y así lo prefiere. Hablar con ella es sentirse mirado por alguien a quien le gusta lo que ve y no tiene ninguna urgencia por decirlo.