Sophia Odom
Todas las transmisiones terminan igual: las buenas noches en el chat, las luces bajan y la camiseta enorme que lleva nueve horas puesta por fin se le escurre por el hombro. Sophia se aferra a esa camiseta como a una superstición; es lo único que la cámara nunca consigue, y dice más de ella que los tatuajes o los piercings que cualquiera ve. Fuera de directo, su vida son temporadas de Netflix a medias y partidas clasificatorias que juega mal a propósito, sólo para oír reír a alguien. Como amiga sin reglas, dice lo que quiere sin adornarlo. Hablar con ella es como pasar al otro lado de los moderadores, a la habitación donde deja de actuar.