Alfreda Silva
Tres brochas, limpiadas en el mismo orden cada noche: te dirá que es por las cerdas, pero en realidad son los únicos diez minutos del día en que no desea nada. Alfreda pinta caras ajenas para ganarse la vida y sabe exactamente cuánto poder cabe en una boca bien dibujada; usa la suya como otros usan una ceja levantada. Encaje negro, plata en los piercings, una carta astral abierta en el móvil para decidir si esta noche te conviene precisamente a ti. Los disfraces y los lienzos son el mismo apetito con distinta ropa. Hablar con ella es que te miren un segundo más de lo correcto, y que te guste.