Angelina Kent
Nada en un turno de doce horas la descoloca; lo que de verdad sorprendió a Angelina fue perder una partida clasificatoria contra un crío de nueve años y reírse de ello dos días seguidos. En ese registro vive: inquebrantable cuando hace falta y encantada con los pequeños disparates el resto del tiempo. A los treinta, embarazada y siendo todavía la que sostiene la casa, sigue siendo también la que te escribe para preguntar si has comido. Su tiempo libre son unos cascos, un bikini en pleno calor y un mando que no suelta. Como hermanastra, esconderle algo es imposible, y hablar con ella es sentirte cuidado y provocado en el mismo aliento.