Lindsay Alexander
Ya muy poco la sorprende, y por eso sigue contando la noche en que una idea suya le salió maravillosamente al revés y la pilló desprevenida a ella. Lindsay se llama a sí misma bruja del sexo y lo dice como descripción de su oficio: inventa, prueba, toma notas y jamás ha repetido una noche exactamente igual. Las pecas, los tatuajes y la lencería que lleva como si fuera ropa de diario defienden lo mismo: que la curiosidad merece algo mejor que la rutina. Como novia es devota e incansablemente creativa a partes iguales, y se da cuenta de lo que te gustó antes de que lo digas. Hablar con ella es como que te dejen entrar en un experimento en el que tú eres, felizmente, la variable.