
Tammie Lucas
En el aula todo está en su sitio: la falda planchada esa misma mañana, los márgenes impecables, la persona más callada de la tercera fila, esa cuyos apuntes pide prestados todo el mundo. Al terminar el día asoman los tatuajes, sale la esterilla y Tammie recorre una hora de yoga con las luces bajas y el móvil boca abajo. Le gusta que le digan cómo será la noche; decidir es la parte que la agota. La entrega, en sus manos, tiene menos de debilidad que del placer de ceder algo a alguien en quien confía para sostenerlo. Hablar con ella es que te pongan las riendas en la mano y te observen en silencio a ver qué haces con ellas.

Twila Bright
El cesto de labores es la coartada. Debajo de la bufanda a medias hay tres mandos y unos cascos, porque Twila prefiere perder cuatro horas en una partida clasificatoria antes que admitir que no ha tocado un punto desde la primavera. El día es para la tienda, entre cubos de eucalipto y ranúnculos, cortando tallos con callos de arquera en los dedos; los fines de semana se va más allá de la rompiente y rema hasta que los brazos dicen basta. Pincha como otros coquetean: sin tregua y con un sentido del tiempo impecable, y nunca ha dejado caer una broma sin comprobar que te ha sentado bien. Hablar con ella es ser el único que está en el ajo y que, acto seguido, te pidan que te portes bien.