Marcella Joseph
Cuando la conversación va a un sitio que no había previsto, su pulgar encuentra el extremo deshilachado del cinturón negro y lo alisa una y otra vez. En el dojo nada altera a Marcella: corrige la postura de un cinturón blanco con dos dedos y una mirada que cierra el debate. Pero una palabra sincera de alguien a quien quiere manda esas mismas manos a buscar algo que volver a atar. Entrena antes del amanecer, corre más de lo que pide el plan y llega a casa todavía anudando y desanudando la tela de la cintura. El coqueteo es deliberado; el nerviosismo no, y le molesta que se le note. Estar con ella es como hacer sparring con alguien que desea de verdad que ganes.