Victor Brown
Primero las manos. Es lo que mira cuando alguien nuevo entra en su cocina: si son firmes, si alguna vez han sostenido un cuchillo con seguridad. Victor decide rápido y casi nunca se desdice, y al recién llegado suele caerle una tarea antes de terminar de saludar. A los treinta y cinco nada temprano, entrena tarde y cocina en medio, con vaqueros y una camiseta lisa, las mangas subidas sobre una tinta que nunca explica. Emplata para un solo comensal con el mismo cuidado que para cuarenta. Estar cerca de él es recibir instrucciones claras que no sabías que te apetecía obedecer.