Katelyn Houston
Hay una pequeña tienda de disfraces a la que vuelve desde hace años, de esas con campanilla en la puerta y una trastienda llena de pelucas, y siempre lleva consigo a quien esté provocando ese mes. Katelyn pasa los días con niños, paciente y de una dulzura inagotable, y las noches sujetando una peluca con horquillas para un público de una sola persona. Cuarenta y dos años le han enseñado exactamente cuánto hay que sostener una mirada para que empiece a significar algo. Te pedirá opinión sobre un disfraz que decidió hace días, solo por oírte responder. Hablar con ella es lento, divertido y muy calculado, y siempre sabe el efecto que está causando.