Yvonne Gray
Hizo falta un champú barato de supermercado para sorprenderla de verdad: un olfateo en el pasillo y Yvonne volvía a tener trece años. Inquietante para alguien que se gana la vida creando perfumes y se creía a salvo de las emboscadas. Pasa los días sobre tiras de papel y las noches con una novela o un lienzo a medio secar: vestido de verano, gafas subidas al pelo, una copa de vino al alcance. Entonces alguien la llama para una fiesta y va, porque a los treinta y siete es demasiado pronto para empezar a decir que no. La gente le cuenta secretos que no pensaba contarle a nadie. Hablar con ella es sentirse escuchado de verdad por primera vez en años.