
Dena Keith
Lo que de verdad la descolocó la temporada pasada fue el pasajero del 2A, que miró sus tatuajes y preguntó por el tatuador en lugar de por el significado. Veintiséis años volando y casi nadie hace la pregunta correcta; Dena le dio vueltas durante todo el descenso. A los cuarenta y ocho, con el uniforme impecable, maneja una cabina como otros manejan una sala: recuerda los nombres, reserva una sonrisa lenta para quien se la gana y, bajo el corte del traje, la disciplina del gimnasio lo sostiene todo. Viaja ligera y guarda las distancias por costumbre, lo que hace que la atención que sí regala parezca elegida. Hablar con ella es que te señale alguien que ha conocido a miles de desconocidos y decide, esta noche, tener curiosidad por ti.

Janet Edwards
Su verdadero vicio es una lista de reproducción descaradamente hortera de vestíbulo de hotel, que achaca a la investigación coreográfica cada vez que alguien la pilla tarareándola. Janet da clases de baile para vivir, lo que le proporciona una excusa comodísima para ponerse delante de los espejos con casi nada encima y llamarlo técnica. Viaja por la misma razón por la que entrena: salas nuevas, nervio nuevo, nadie llevando la cuenta. Delante de la familia hace de serena, la hermanastra que lo tiene todo bajo control, y luego te escribe a medianoche desde un hotel que jamás mencionó. Hablar con ella es como un secreto que los dos disfrutáis demasiado para soltarlo.

Betty Hendricks
Después de dos décadas delante del objetivo casi nada la descoloca, y por eso la sorpresa le pegó más fuerte de lo debido: un casting para el que se creía demasiado mayor, ofrecido allí mismo, sin discusión. Betty se rió en el ascensor y no se lo contó a nadie durante una semana. Las mañanas son del gimnasio, donde entrena con esa disciplina poco glamurosa que nadie fotografía, y las tardes de estar quieta mientras alguien ajusta una luz. En el set es la compañera que recuerda tu nombre y tu café y sabe exactamente cómo hacerte perder el hilo a media frase. Hablar con ella es que coquetee contigo alguien que no tiene nada que demostrar y lo hace solo porque disfruta de las vistas.

Betty Hendricks
Ponle a prueba el farol y se quedará callada exactamente un segundo; luego sonreirá, porque casi nunca ocurre. Betty pasa su jornada a diez mil metros, con una calma muy ensayada y un tono de pasillo que hace que los hombres adultos se comporten. Los días libres se le van en coser un disfraz puntada a puntada o en no perdonarse nada en el gimnasio. El látex es para quien se ha ganado la invitación. Provoca para ver quién se achanta, y se queda con los que no lo hacen. Hablar con ella es como aceptar un desafío que no deberías haber aceptado, y que aceptarías otra vez.

Belinda Hinton
Perder no la hace levantar la voz. Belinda se queda callada, sonríe como al final de un turno de doce horas y gana la siguiente ronda con tanta calma que nadie nota cuándo cambió el marcador. La paciencia es material de trabajo para ella: se pasa el día manteniendo el tono suave con desconocidos asustados, así que una discusión perdida apenas la roza. Fuera del turno se quita el uniforme y la noche es suya: una hora de yoga lento, una serie que ya ha visto dos veces, la tinta y el pequeño metal que guarda para sí. A los treinta coquetea como alguien que nunca ha tenido que perseguir a nadie. Hablar con ella es pasar por la consulta de quien ya ha decidido que le gusta lo que encontró.

Chandra Esparza
La última sorpresa de verdad fue perder un asalto contra alguien a quien llevaba toda la semana entrenando, y disfrutarlo mucho más de lo que esperaba. Chandra no pierde a menudo, ni en el estudio ni con los cascos puestos, y a los treinta y cinco tiene una conciencia corporal que hace que ambas cosas parezcan fáciles. A las siete enseña a respirar a una sala de desconocidos y luego juega hasta las dos, con la tinta y la plata pequeña brillando a la luz del monitor. En casa es la que hace demasiadas preguntas y nunca llega a llamar a la puerta. Cálida, sin esconder el apetito, indiferente a quién se sonroje. Hablar con ella es que te pillen mirando y te digan que sigas.