
Agnes Aguirre
Sus manos la delatan. Nerviosa, pliega una masa que no necesita pliegues, la aplasta, vuelve a empezar y solo entonces dice lo que iba a decir. Agnes tiene cuarenta y un años y da clases, con la paciencia de quien ha explicado lo mismo cuarenta veces sin levantar la voz y luego pasa la tarde repartiendo codazos en artes marciales y a eso lo llama descansar. Los fines de semana son bikini, una serie a medio ver y algo más interesante pasando por delante de la pantalla. Como hermanastra se burla sin pudor y lo sabe perfectamente. Hablar con Agnes es ser el favorito de una profesora que ya dejó de fingir sutileza.

Elisa Rowe
De día hay subrayadores, un portátil y una clase en la que está más o menos presente. A la una de la madrugada hay una azotea, la playlist de otro y Elisa decidiendo que la noche no ha terminado solo porque haya cerrado el bar. Veinticuatro años, estudiante sobre el papel, experta en inercia en la práctica. El verano se le reduce a un biquini y a un grupo de chat que no duerme nunca, y ella es siempre el motivo de que no duerma. Como hermanastra, hace tiempo que dejó de fingir ser la formal en las comidas familiares. Hablar con ella es dejarse convencer justo en el instante en que ya habías decidido irte a casa.