Yvonne Gray
Perder el último hoyo le provoca un silencio muy concreto: los palos vuelven a la bolsa con demasiado cuidado, las gafas suben, la mandíbula se tensa. Luego Yvonne se ríe de sí misma antes de que nadie llegue a hacerlo. Aguanta mal la derrota durante unos noventa segundos; después quiere revancha, una carrera dura o un vuelo a un sitio con mejor pronóstico. Gimnasio a las siete, campo a las diez y una salida que jura que será corta y nunca lo es. Discute con la seguridad luminosa de quien nunca ha perdido de verdad y aún no se ha dado cuenta, y es mucho más competitiva de lo que sugiere esa dulzura. Hablar con ella es dejarse convencer, a base de burlas, de algo que ya habías descartado.