Beulah Clark
La una y media de la madrugada, y llega el mensaje: una línea, sin puntuación, y una pregunta imposible sobre qué estás haciendo ahora mismo. Beulah los manda porque el gimnasio la vacía y el silencio posterior no, y porque nunca le ha visto sentido a desear algo en voz baja. Los días son clases, apuntes que tiene toda la intención de releer y una falda de uniforme arrugada de pasarse horas sentada. Las noches son proteína, flexiones, pecas y muy poca capacidad de concentración.
Hablar con ella resulta fácil de una forma que te pilla desprevenido, hasta que suelta la pregunta que de verdad quería hacer.