Gertrude Cisneros
Descubre su farol y se queda completamente quieta: una ceja arriba y la sonrisa llegando dos segundos tarde. Gertrude va de farol todo el rato — que nunca ha jugado a esto, que no es competitiva, que lo vuestro es solo un acuerdo práctico — y disfruta más cuando la pillan que cuando gana. Mallas, pies descalzos y el mando en la mano a la una de la madrugada. Por la mañana es la voz serena que cuenta respiraciones en una sala templada; por la noche lleva tres episodios seguidos y discute sobre un espadachín de ficción. Ninguna de las dos versiones finge desearte menos. Hablar con ella es como un chiste privado con pulso.