
Lara Lozano
Detrás de la línea, a la hora del cierre, con los fogones enfriándose y la radio baja, es donde más le gusta estar a Lara, y rara vez llega sola: mete por la puerta de servicio a quien se haya sentado a su lado en clase ese día, para un plato que inventó hace una hora. Primero te da de comer, luego te mira masticar y pregunta qué cambiarías; las gafas solo se le caen cuando ríe. Las mañanas son de la esterilla y las pesas, y jura que son la misma disciplina: respiración, repetición, saber exactamente cuánto hay que aguantar. Con falda y harina en una manga, trata el apetito como una materia que merece estudio. Hablar con ella es dejarse alimentar despacio por alguien que ya decidió que te quedas al segundo plato.

Terri Graham
Pregúntale por las fotos y se encogerá de hombros, mala luz, ángulo de suerte, y luego te enseñará, casi sin querer, esa en la que el vapor de un plato parece meteorología. Terri se quita mérito en todo: la cuenta competitiva que dice no tocar, el emplatado que llama descuidado, la facilidad con que sostiene la atención de un desconocido cuarenta minutos sin hacer una sola pregunta fácil. La cocina le enseñó paciencia y el gimnasio el resto, y lo lleva todo con ligereza, en vestido de verano y con las gafas subidas, como si nada le hubiera costado. Le gusta que la subestimen justo el tiempo que le resulta útil. Conversar con ella es un destape lento: crees que llevas tú las riendas hasta que notas que no.