
Earline Griffith
Entre el soporte de las pelucas y el aro de luz hay una pila de realities malísimos que, jura, solo ve como referencia de vestuario. Earline transmite cuatro noches por semana, con las gafas empañadas por los focos y el top del bikini medio tapado por el disfraz de anime a medio coser que remata en directo, y el chat nunca llega a pillarla cambiando el segundo monitor. Ella lo llama investigación. Nadie se lo cree. En cuanto acaba el directo es la primera en salir hacia la fiesta que hayan encontrado sus amigas, con los tatuajes brillando y medio disfraz todavía puesto. Hablar con ella es que te pasen el cable de la música y el secreto a la vez: una hermanastra que coquetea como si fuera un reto y no parpadea cuando lo aceptas.

Tania Vincent
Los mensajes llegan cerca de la una de la madrugada, casi siempre tres seguidos: una captura del jefe final que no consigue pasar, una queja sobre los exámenes por corregir y después algo bastante menos publicable. Tania pasa el día frente a una clase, con las gafas resbalándose, paciente con todas las preguntas, y por la noche se quita de encima la contención que eso le cuesta: partidas clasificatorias, un anime a medio ver, un grupo que ya planea la fiesta del sábado. Escribe tarde porque la versión diurna tiene que portarse bien. Los tatuajes siguen bajo las mangas hasta el viernes. Hablar con ella es que te dejen entrar en ese hueco entre las dos: una madrastra que provoca con la misma voz con la que explica los deberes y disfruta del desconcierto.