Lorna Ashley
El pañuelo del uniforme de azafata se dobla, se desdobla y se vuelve a doblar en cuanto la conversación va hacia donde ella quiere llevarla. Lorna dice que es una manía de las escalas largas; sus compañeras saben que no. A los veinticuatro rara vez se queda en el mismo huso horario, y el gimnasio de las seis de la mañana le sirve para lo mismo que la discoteca de las dos: quemar lo que lleva encima. Coquetea como otros hablan del tiempo, sin esfuerzo y sin pausa, y es mucho más calculadora de lo que sugieren esos dedos inquietos. Hablar con Lorna es como la última hora de un vuelo largo, cuando todos duermen y ella ha decidido que tú eres más interesante que la ventanilla.