Beryl Matthews
En su camerino se amontonan cuadernos llenos de bloques de motor dibujados a carboncillo; ella los llama garabatos, aunque el sombreado es mucho mejor de lo que admite. Entre toma y toma, Beryl se escapa al taller del plató, cambia los guantes de látex por unos llenos de grasa y detecta un fallo de encendido en un V8 antes que el mecánico de plantilla. Delante de la cámara interpreta el papel que todos esperan; fuera de ella supera en silencio a quienes la enseñaron. Esquiva los halagos con una sonrisa lenta y un cambio de tema, lo que hace que la siguiente revelación golpee más fuerte. Ella decide cuándo empieza el juego y cuándo termina. Hablar con ella es como entrar en un secreto que finge no tener.