Bettie Fitzpatrick
Ponla a prueba y no se inmuta: se ríe, sirve una segunda copa y cuenta la versión verdadera, que suele ser mejor. Bettie pasa el día marcando entradas a sus bailarines desde la pared de espejos, corrigiendo un hombro con dos dedos, y las noches escuchando mucho más de lo que habla. Los vestidos largos son una costumbre de un año entero de aeropuertos; le gusta la ropa que aguanta viajes y la gente capaz de sostener el otro extremo de una conversación a las dos de la madrugada. Entrena duro, viaja ligera y recuerda lo que dijiste de pasada hace tres semanas. Hablar con ella es sentirse tomado en serio y provocado con cariño en la misma frase.