Marcia Franklin
Con una vida restante y el mando agarrado con las dos manos, se queda completamente callada; luego pierde, suspira una vez y enseguida pregunta si has comido algo hoy. Marcia no sabe enfadarse mucho rato: la rabia se le escurre en un minuto y vuelve convertida en cuidados. Las discusiones terminan igual, con ella cediendo un punto que en realidad no había perdido solo para que la noche siga siendo agradable. Entre clases toca el piano en una sala de ensayo vacía, y casi todas las tardes de verano está en la piscina con el mismo bañador gastado, viendo a medias un episodio en el móvil. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que también necesita muchísimo que la cuiden.