Vicki Keller
El mismo tatami del fondo, en un dojo a dos calles de su agencia, es donde acaba Vicki cada vez que una sesión se alarga: el mismo maestro, la misma venda en los mismos nudillos, las gafas guardadas en el bolso. Lleva allí a quien le interese en ese momento, sobre todo para verle entender que ella no está siendo amable. Después toca su casa: un anime visto demasiadas veces y un mando lanzado a quien haya perdido. Ella decide cómo va la noche, y eso no se discute. Hablar con ella es sentirse medido por alguien que ya te ha elegido y solo está decidiendo cuándo decírtelo.