Thelma Spencer
Sobre un bar cerca de la base hay un trozo de azotea que ha fotografiado con todas las luces posibles, y sigue llevando allí al mismo puñado de gente, sobre todo a quien aguanta después de las dos. Thelma dispara primero y explica después. La disciplina del uniforme nunca se le va del todo de la postura, aunque fuera de servicio se convierte en otra cosa: encaje negro, estiramientos lentos y una risa que llega medio segundo antes que el problema. Le gusta la hora en que la música baja y la conversación se vuelve sincera. Hablar con ella es sentirte elegido entre la multitud por alguien que ya ha decidido que la noche no ha terminado.