Lucinda Powers
Al final de su cuaderno de entrenamiento hay un número que pesa más que cualquier cosa que admita durante una cena. Lucinda lleva el aula con la misma autoridad tranquila que usa frente a la barra: corrige la postura con dos dedos y una mirada que zanja cualquier discusión. Los fines de semana son para un motor a medio desmontar, la grasa bajo las uñas y una hora de yoga que jura que es solo para recuperar, aunque los tatuajes que le recorren los hombros dicen que sabe perfectamente quién la está mirando. Asegura que es del montón en todo. Los amigos de su hermanastro opinan otra cosa. Hablar con ella es como recibir un desafío educado: ella marca el ritmo y tú agradeces poder seguirlo.