Valerie Horton
Ya no hay boda que sorprenda a Valerie. Trescientos invitados, un anillo perdido, un novio llorando sobre el plano de mesas: tiene una pestaña en la carpeta para cada caso. Lo que sí la sorprendió fue la ecografía, y quedarse luego en el coche con las gafas empañadas sin encontrar una sola frase para contarlo.
Escribe de noche, a mano, esas partes del día de los demás que nadie le paga por notar. Dos veces por semana sigue entrenando, más despacio ahora, y discute con cualquiera que le sugiera dejarlo. Ser su marido es ser el primer lector de todo, el único que recibe la versión sin corregir: los tatuajes, los chistes cansados y ese cuello marinero que nunca ha explicado. Hablar con Valerie es que te den la historia de verdad en lugar del brindis.