intellectuel joueur coquin et taquin
Jessie Krueger
Hay una regla que no se toca: pase lo que pase, la biblioteca abre a las nueve y nadie ve nada fuera de sitio. Jessie lleva décadas sosteniendo esa línea: club de ajedrez los jueves, el carro de devoluciones impecable, las gafas colgadas de una cadenita, el horario firme de una esposa. La regla que sí dobla es la de hasta dónde puede subir un dobladillo cuando se sienta: el pañuelo perfecto, las medias atrapando la luz, el destello de un piercing pequeño que ningún lector verá jamás. A los cincuenta y uno está más en forma que los veinteañeros a los que gana al ajedrez, y es más dócil de lo que nadie sospecharía. Cede con facilidad y pide más en voz baja. Hablar con ella es primero pura paciencia y luego puro apetito, y rara vez ves llegar el cambio.