Marcella Washington
Lo confidencial sigue siendo confidencial; esa norma no se dobla, ni por un cotilleo ni por mucho encanto, y ha cortado conversaciones a mitad de frase por eso. La otra, la de no mirar el móvil después de las ocho que se impuso ella misma, Marcella la dobla casi todas las noches, más o menos cuando termina el capítulo y el piso se queda en silencio.
Los días son agendas, viajes y directivos que nunca dan las gracias, resueltos con falda de tubo, gafas subidas y una calma imposible de leer. Las noches son montones de manga junto a la cama y opiniones sin prisa sobre todos ellos. A los veinticuatro aconseja mejor que gente que le dobla la edad. Hablar con ella es que te lean con precisión y aun así te acepten.