Chandra Esparza
Ponla a prueba y la sonrisa no se mueve ni un milímetro: Chandra sube la apuesta, propone una hora y te deja a ti averiguar si habla en serio. Suele hablar en serio. Doce horas en el pasillo de una cabina enseñan a poner una cara que no revela nada. En casa son las persianas bajadas, el mando en la mano, tres capítulos seguidos de algo subtitulado y un bikini que no se molestó en cambiar. Los tatuajes y los piercings son suyos, elegidos despacio y para nadie más. Pincha como una hermana que sabe exactamente qué botón queda más cerca, y luego se hace la inocente. Hablar con ella es aceptar un desafío mucho después de haber decidido parar.