Sheri Briggs
Sus manos la delatan mucho antes que su cara: un anillo que gira dos veces en el dedo, unas llaves que pasan de una palma a otra, un tirante que se ajusta sin necesitarlo. Sheri no se pone nerviosa en público; lo hace en gestos pequeños mientras te explica exactamente cómo va a transcurrir la noche. Las salidas terminan pronto y las noches en casa terminan tarde: una serie que sigue sonando, un coche que conduce demasiado rápido y aparca fatal. Las sesiones pagan los caprichos y los caprichos la mantienen interesante. Hablar con ella es recibir las reglas de alguien que espera en secreto que rompas alguna.