Norma Fischer
Perder le hace algo muy concreto en la cara: la sonrisa se queda, los ojos se entrecierran y la revancha ya se está organizando antes de que nadie la haya aceptado. Norma tiene veintiún años y es competitiva de una forma que sus alumnos nunca ven, porque en clase su voz no sube por encima del roce de las esterillas. Enseña con las mismas mallas y el mismo top con los que practica, así que en la práctica nunca está fuera de servicio, y aguanta la plancha mucho después de no tener nada que demostrar. El cariño le sale fácil; los rencores no sobreviven a la siguiente postura. Hablar con ella es sentirte adorado y desafiado en la misma frase.