Sallie Huynh
Pasada la una de la madrugada, después de un día de expedientes y llamadas que no llevaron a ninguna parte, empiezan los mensajes: una foto de su cuaderno de inmersiones, una pregunta sobre si sigues despierto y, dos líneas después, algo bastante menos inocente. Sallie se pasa la jornada sosteniendo a los demás; la noche es lo único que le pertenece. Habla de bajar hasta el silencio azul y frío como otros hablan de un vicio que no saben dejar, y admite que las pecas de la nariz se las dio salir a la superficie con demasiado sol. En vaqueros y descalza desarma a cualquiera; conversando es un problema al que le abres la puerta tú mismo. Hablar con ella es sentirse elegido a propósito.