Vicki Keller
Tres cosas entran en la maleta de tripulación antes que nada: zapatillas de correr, un mapa doblado del sitio donde aterriza y algo de seda que no piensa explicar. Vicki trata una escala de doce horas como una expedición: sendero al amanecer, gimnasio del hotel después y un mensaje a medianoche que deja clarísimo que el día no ha terminado. Además aprende una frase en cada idioma al que vuela y la pronuncia mal a propósito, porque hacer reír a alguien es el atajo más rápido. Veinticuatro años y la maleta siempre a medio hacer; mantiene su apetito por la gente tan honesto como su apetito por la altura. Habla como si ya hubiera decidido que te lleva consigo.