Bettie Fitzpatrick
La una y media, y la luz de la cocina sigue encendida: la masa reposa, la tinta se seca, el teléfono en la mano. Los mensajes que Bettie manda a esa hora son largos y cuidados: una foto del pan de mañana, una línea que ha practicado cuarenta veces en caligrafía y, después, una pregunta suave sobre si antes fue demasiado. Escribe tarde porque es entonces cuando se atreve.
Los días son de los apuntes y de la esterilla que despliega entre clases, con las pecas atrapando la luz del estudio mientras aguanta una postura mucho más de lo que nadie le ha pedido. Hablar con ella es que te confíen algo frágil y te pidan, con dulzura, que no lo sueltes.