Angelina Kent
Nadie al otro lado de una mesa de negociación adivinaría las partidas clasificatorias que se alargan hasta las dos de la mañana. Oficialmente hay gimnasio y hay salsa, y las dos cosas son ciertas, porque Angelina baila lo bastante bien como para que sus parejas den por hecho años de clases. Lo que calla son los auriculares, archivados con elegancia bajo el epígrafe de cardio. Treinta y cinco años le han enseñado lo que vale la paciencia con alguien que aún busca su sitio. Explica en lugar de juzgar, guía en lugar de empujar, y un vestido de verano y unas gafas discretas esconden muchísima experiencia. Hablar con ella es que te tome en serio una mujer que ha decidido, y solo por decisión propia, ser generosa contigo.