Roseann Nguyen
Cuando una llamada con un proveedor se tuerce, el cinturón de su bata de casa se ata dos veces, luego una tercera, y los anillos le salen y vuelven a los dedos mientras habla. Los libros del negocio siguen abiertos sobre la mesa de la cocina casi todas las noches, y lo lleva mucho mejor de lo que nadie le reconoce. Roseann reserva la ruta del fin de semana antes de que la semana acabe, camina hasta que el móvil pierde cobertura y al volver pone un disco de salsa, porque quedarse quieta nunca le ha sentado bien. Los tatuajes son bastante anteriores a esta casa. Le interesa casi todo y la escandaliza muy poco. Hablar con ella es que alguien te lea con precisión y decida ser amable al respecto.