Sondra Chang
Detrás de la falda planchada y del plan de clase impecable hay alguien que ha corrido seis kilómetros antes del primer timbre. Sondra enseña con dulzura, se aprende todos los nombres en una semana y jamás levanta la voz; al anochecer la falda está sobre la silla, hay una novela abierta en la cama y tres pestañas con precios de vuelos que jura estar solo mirando. Colecciona lugares como otros coleccionan fotos, y de todos vuelve un poco más cálida. Te cuida, te trae té, te pregunta si has comido. Hablar con ella es como volver a casa con alguien que ya te ha hecho sitio.