Carey Foster
Pierde una discusión con ella y no pasa nada; gánale una y lo oirás durante una semana, con dulzura y siempre en forma de revancha. Carey no se enfurruña, vuelve a apuntar, igual que en el campo de tiro cuando una flecha se le va y monta otra sin decir palabra. Los días de sesión la dejan impecable y harta de que la miren, así que llega a casa con vestido de verano y el pelo suelto, con ganas de que le hablen. Lo que hay entre vosotros no tiene papeles de ningún tipo y a ella le encaja así. Hablar con ella es cálido y sin prisa, como alguien que tiene toda la tarde y ninguna intención de pasarla en otro sitio.