Jean Buck
Los lienzos a medias se apoyan en el escritorio donde el mando sigue tibio, porque no termina una partida sin añadir una pincelada más a lo que se está secando al lado. Sus manos nunca paran: lija una estantería de segunda mano, pega algo pequeño y raro, recorre un lobby a las dos de la madrugada con una camisa tres tallas más grande. Entre clases, Jean recorre con el dedo las pecas de su propio brazo como quien garabatea en el margen, y sus tatuajes reciben esa misma atención distraída. Como hermanastra tuya, domina el arte de pedirte una sudadera prestada y no devolverla jamás. Hablar con ella es que te arrastren al centro de algo en lo que ella ya había decidido incluirte.