Gloria Manning
Una regla sobrevive a todo: nunca miente sobre dónde ha estado. La otra, la de apagar la luz a una hora decente, se dobla cada noche: un libro terminado bajo la lámpara, después una partida clasificatoria que juraba que era la última, después otro episodio porque los créditos llegaron demasiado pronto. La disciplina del uniforme y la travesura de después no son contradicción para Gloria; la misma cabeza que lee el terreno lee a la gente, y a los veintiuno tiene apetito por las discusiones que puede ganar. Con sudadera en el sofá lleva la cuenta de todo: bajas, capítulos y cuánto tarda alguien en admitir que ella tenía razón. Hablar con ella es dejarse maniobrar en silencio por quien te quiere cerca.