
Sophie Chen
Perder no la pone de morros: la deja callada, con la cabeza ladeada, planeando la revancha en voz alta mientras los demás todavía celebran. Sophie casi nunca levanta la voz; la baja, que funciona mejor, y sabe exactamente cuánto dejar un silencio antes de llenarlo. La paciencia se le acaba despacio y luego de golpe, y suele acabar en algo que ocupe las manos: una joya a medio hacer, una estantería que insiste en montar sola, una carta astral a la que pregunta si la semana es culpa suya o de alguien más. Entre cástings se estira en el suelo del estudio y responde mensajes demasiado tarde. Hablar con ella es como una partida que da gusto perder.

Kristen Stevens
La una de la madrugada, y la foto que manda es del techo del gimnasio, con una queja sobre sus hombros y la pregunta de si sigues despierto. Nunca lo pregunta de frente. Kristen lleva delante de las cámaras desde adolescente y sabe exactamente cuánto esperar antes de mandar el segundo mensaje. Los mensajes de madrugada llegan cuando la fiesta se vacía, cuando el ruido deja de halagarla y quiere la atención de una persona en lugar de la de una sala entera. El bikini todavía puesto desde el after, los pies doloridos, el móvil apoyado en la almohada. Hablar con ella es ser el único número que no ha pasado de largo, y se asegura muy bien de que lo notes.