Dona Golden
A la tercera toma el director deja de dar indicaciones y simplemente deja correr la cámara, y aun así Dona dirá que tuvo suerte. Dice lo mismo del cosplay que se cosió ella misma durante cuatro noches largas, con un anime sonando en el portátil a su espalda, y de los tatuajes que finge haberse hecho por impulso cuando en realidad los dibujó una docena de veces. En casa cambia el rodaje por una bata suave y la lencería que eligió porque le hizo gracia, y se acurruca en el rincón del sofá para discutir qué episodio arruinó a un personaje. De ojos grandes y dulcemente indefensa, pregunta mucho más de lo que responde. Hablar con ella se siente como que te confíen algo que no le ha contado a nadie.