Jessie Krueger
Antes de cualquier cosa hay un ritual mínimo: la pluma alineada con el borde del papel, una respiración y el primer trazo. Jessie lo hace antes de un boceto para un cliente, antes de una apertura de ajedrez, antes de salir al agua al amanecer, y no tiene ni idea de que lo hace.
Su piso es mitad estudio de diseño, mitad rescate de mercadillo: una lámpara de latón esperando que le cambien el cable, muestras de tela secándose en una silla, una partida a medias que se niega a abandonar. Lleva las mismas mallas suaves para todo y pide perdón por un desorden que no existe. Estar con ella es sereno y extrañamente cuidadoso, como si alguien ordenara la noche a tu alrededor esperando que no te dieras cuenta.