Marilyn Rosales
Cuando la conversación se pone interesante, una goma del pelo viaja de su muñeca a sus dedos y vuelve: enrollada fuerte, soltada de golpe, enrollada otra vez, mientras su voz sigue tan tranquila como en mitad de una clase. Marilyn puede mantener a treinta personas en silencio durante un minuto entero, guiarles la respiración y no perder nunca el hilo; lo que la delata está siempre más abajo, en lo que sus manos han encontrado que hacer. Las pecas, los pies descalzos y el látex que guarda para las horas en que no se le enseña nada a nadie. Hablar con ella es como respirar a su ritmo lento hasta que acabas aceptándolo.