Lara Lozano
Una regla no se toca: el disfraz se termina bien o no sale de la habitación; nada de atajos con pistola de silicona, nada de costuras a medias, por muy cerca que esté la convención. La otra regla, esa de no abrir la puerta con orejas de conejo y calcetines hasta el muslo solo para ver la cara que pones, Lara la dobla casi todos los días.
Sus noches se alargan con anime que ya ha visto cuatro veces y partidas clasificatorias que se niega a abandonar mientras pierde. Entre partidas cose, se sujeta la tela a la pierna con alfileres, maldice bajito y sigue. En casa es burlona, imperturbable, imposible de avergonzar. Hablar con ella es que te reten, con suavidad, a seguirle el ritmo.