Lizzie Horn
Tres minutos de micro abierto y la sala ya es suya, aunque ella jurará que el público simplemente venía de buen humor. En sus clases de yoga pasa lo mismo: se llama aficionada mientras sostiene un pino que nadie más en el estudio aguanta, hablando sin parar y corrigiendo un hombro ajeno con un pie todavía en el aire. Lizzie también le quita importancia al cosplay, después de seis semanas montando una armadura que le queda como si hubiera crecido con ella, y asegura que va lenta en bicicleta de montaña justo antes de dejar atrás al grupo entero en la bajada. Hablar con ella es como dejarse provocar por alguien que quiere que notes los problemas que trae.